Desde la Dirección de Vigilancia de Enfermedades No Transmisibles (DVENT) destacan el valor de la nutrición en todas las etapas de la vida. Subrayan que, una alimentación saludable es la principal fuente de energía para vivir, mantenerse sano y desarrollar correctamente todas las actividades. Garantiza, además, el crecimiento y el desarrollo de todas las personas, así como su bienestar físico, mental y social.

“Sabemos que nuestro rol es indispensable tanto en personas sanas, en aquellas que cuentan con alguna patología, en las que fueron afectadas por el COVID e incluso en aquellas personas que ya han superado la enfermedad”, señaló la Lic. Bethania Machuca, nutricionista de la DVENT.

Para lograr una vida saludable, además de contar con una alimentación saludable y equilibrada, es esencial mantenerse activo con prácticas diaria de actividad física, recordó la profesional.

“En esta época debemos ser más conscientes de la gran importancia de una alimentación saludable para que el sistema inmunológico funcione correctamente y se encuentre lo más equilibrado y “preparado”, ante el posible ingreso de algún agente infeccioso como el SARS-CoV2, virus que ocasiona el COVID-19”, refirió por su parte la Lic. Catherine Turnes, nutricionista y coordinadora técnica de Vigilancia de Enfermedades No Transmisibles.

¿Qué le sucede al cuerpo cuando no recibe una alimentación saludable balanceada?

De acuerdo a lo descrito por la nutricionista, cuando el organismo no recibe todos los nutrientes que necesita a través de la alimentación, se altera su normal funcionamiento y puede sufrir desequilibrios que ocasionan diferentes enfermedades o problemas de salud.

En el caso de la obesidad existe un desequilibrio energético que se produce al consumir más calorías de las que se gastan (por medio del movimiento o actividad física). Esta enfermedad a su vez, predispone a desarrollar otros problemas de salud como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares e incluso ciertos tipos de cáncer.

En el caso de la enfermedad por COVID-19, estudios muestran que la obesidad es un factor de riesgo para la hospitalización, el ingreso en unidad de cuidados intensivos (UCI) y/o uso de ventilación mecánica, así como el desarrollo de formas graves que podrían llevar a la muerte. Esto se debe a factores metabólicos e inflamatorios presentes en pacientes con estas patologías que juegan un rol importante en la manifestación de la enfermedad pulmonar grave.

Si bien la obesidad es una enfermedad multifactorial (multicausal) en la que intervienen factores genéticos, culturales, sociales y ambientales; existe evidencia de que los factores modificables como los relacionados al estilo de vida de una persona, representan más del 50% de los factores desencadenantes de esta enfermedad.

En Paraguay, 6 de cada 10 adultos tienen exceso de peso y 1 de cada 3 niños y adolescentes se encuentran con esta condición de salud. La proporción de sobrepeso se incrementa conforme aumenta la edad.

Recomendaciones

•             Consumir a diario cinco porciones en total de frutas y verduras.

•             Reducir el consumo de alimentos procesados, ultraprocesados y bebidas azucaradas. Existe evidencia de que el consumo de estos alimentos con alto contenido de azúcares, grasas y sal, se asocian al el desarrollo de obesidad y otras enfermedades no transmisibles. Si bien, muchas veces estos alimentos son más baratos, es importante tener en cuenta que al final, el verdadero costo se refleja en la propia salud del consumidor.

•             Siempre que sea posible, preparemos nuestros propios alimentos. Elijamos alimentos naturales y de ser posible involucremos a los niños en este proceso, de manera a motivarlos a conocer más sobre los alimentos y a probar nuevas comidas más saludables.