Como en el semáforo

Por Estela Valdés

Es importante saber cuándo parar; hay situaciones que van más allá de la capacidad que se pueda tener para desarrollar las intenciones o propósitos que tenemos, y aunque de acuerdo a nuestro parecer es correcto y pertinente lo que se demanda, no se puede imponer un criterio sobre una mayoría que piensa de otra manera. Si se pretende llegar a algún lugar, alcanzar una meta, se debe entender que existe más de una manera de hacerlo, es decir más de un camino para llegar al objetivo.

Cuando el elegido presenta dificultades que no se puedan superar, no vale la pena seguir insistiendo. Saber esperar, ceder, e inclusive convencer, son métodos que generalmente no fallan. Lo bueno es reconocer hasta qué punto se puede llegar, y sobre todo entender en qué medida puede beneficiar una actitud negativa o dominante.

Si en el entorno familiar, desde niños nos acostumbramos a imponer nuestros puntos de vista, deberíamos entender al crecer, que las personas con las que vamos a convivir, no van tener la misma paciencia o condescendencia que suelen tener los padres o hermanos mayores con los más chiquitos. En el mundo real, convivimos con mil tipo de gente: decentes, ruines, educadas, ignorantes, prepotentes; en fin personas con las que debemos saber desenvolvernos, y es donde sale a relucir, el nivel de madurez o don de gente que tenemos cada uno.

Hay ocasiones que es necesario saber esperar, cuando no hay manera de que se reciba el mensaje que se está enviando, se debe revisar y cambiar el contenido, para llegar a donde se quiere, se debe saber avanzar. Como cuando esperamos el turno en el semáforo, todos saben cuándo parar y cuando avanzar, sin margen de error, ni manera de disentir. El que avanza cuando no debe, atropella o es atropellado por alguien más, y de verdad era solo una cuestión de saber esperar, punto.