El Plan Cachito (III)

Por Gonzalo Quintana

Les falta el Poder Judicial. Luego irán -ya lo intentaron antes- por el presidente Abdo Benítez para cumplir con los objetivos trazados por los marxistas en la mexicana ciudad de Puebla, el 28 de Julio de 2019. Es momento para recordar parte de lo resuelto durante aquella cumbre izquierdista: “Enfrentar en forma enérgica el avance de derecha sobre nuestros pueblos. Así lo evidencian los gobiernos neoliberales reciclados, como los de {…} y de Mario Abdo Benítez {…} que destruyen la democracia y los derechos sociales conquistados”.

El plan “Cachito” les acerca a pasos agigantados para instalar el régimen bolivariano en nuestro país. Los Castros/Chavistas cumplen con sus planes y objetivos sin ocultamientos, públicamente, anunciando lo que van hacer. Hacen lo que se supone o se espera que hagan.

El senador Miguel Fulgencio Rodríguez (FG) reclamó para su sector un espacio en la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Superior de Justicia Electoral. En sus declaraciones señaló que “para la CSJ deberá ser un magistrado con visión constitucionalista social”. Absolutamente coherente y consistente con la proclama del Grupo de Puebla.

“Tenemos muchísima gente, muy buena, preparada. Estamos buscando, pero tenemos gente muy preparada que ya nos habla de un constitucionalismo social, que es una doctrina que hoy no está insertada en la Corte” sentenció.

Clarito, ¿no?. Quiere la Corte Suprema para constituir la “democracia bolivariana” imperante en Cuba y Venezuela, y preservar los “derechos sociales conquistados”.

Los partidos políticos democráticos se supone que deben enfrentarlos y detenerlos en su avance hacia la instalación de la dictadura comunista en nuestro país. Sin embargo, prominentes dirigentes y legisladores de los partidos tradicionales le abren la pista, le facilitan la cancha, le estimulan y empujan para el asalto a nuestras debilitadas instituciones democráticas.

Los dirigentes políticos de nuestro país están durmiendo con el enemigo. El peligro de ser barridos no es solo para la clase dirigente -político y empresarial adscriptos-. Más de uno podría decir “no hay mal que por bien no venga”. Pero la chatura y la falta de visión afectará a todos los paraguayos por generaciones, como ahora estamos viendo en Cuba y Venezuela.

El salvaje internismo de los partidos tradicionales le facilita la tarea a los Castro/Chavistas. Sobre todo, la confrontación virulenta en la ANR, que se podría explicar porque la disputa por el poder y el revanchismo, posterga y diluye el compromiso partidario y la responsabilidad con el país.
Tal actitud es entendible entre dirigentes cuya máxima ambición es el cargo, pero es incomprensible en la alta conducción. Más incomprensible todavía es que el movimiento que llevó a la presidencia al señor Abdo Benitez sea precisamente el principal factor de poder de sus enemigos. Esos que declararon públicamente en Puebla “enfrentar en forma enérgica a {…} Mario Abdo Benítez {…} porque destruye la democracia y las conquistas sociales”.

Inentendible; es decir, solo explicable desde la política sin principios o desde la traición por falta de valores.