La mala película que nos toca ver

Nuestra democracia sigue enfrentando desafíos nuevos cada vez, en un espectro de nuestra realidad tenemos a una clase dirigencial que ha convertido a las figuras constitucionales que derivan de esta forma de Gobierno en simples herramientas para lograr sus objetivos que penosamente, salvo honrosas excepciones, se parecen cada vez más a la simple búsqueda del poder por el poder mismo en una especie de “Juego de tronos” pero sin dragones y mucho menos sin bellas princesas o héroes a caballo.

En la otra punta de esta dinámica que nos toca vivir o incluso hasta sufrir estamos quienes, desde las graderías, un lugar cómodo en especial si se está en primera fila, vemos como en el escenario montado para nuestro “esparcimiento” se reparten acusaciones, se regalan improperios, se subastan rencores y se comercializan amores pasajeros como si de una mala película se tratara.  Y así, actores políticos y espectadores, seguimos conviviendo en una fórmula ideal, (ideal para aquellos a quienes les conviene que nuestro tan mentado proceso democrático continúe siendo eso, un proceso) en donde por más que sepamos que mucho más se esconde detrás de bambalinas seguimos viendo esta película serie B que para más sabemos de antemano como va a terminar, pero aun así seguimos comprando los tiques de entrada al dantesco espectáculo.

La salud de nuestra democracia esta reflejada en la crisis institucional que estamos sufriendo como Nación, una Constitución Nacional que sigue siendo un bello relato de un país ideal, leyes superpuestas que se boicotean entre sí, formulas legislativas armadas solo para la tribuna, puro show, puro fuego de artificio, pero nada de construir un debate en serio que finalmente nos pueda quitar del siglo 20 en donde aún estamos condenados a seguir viviendo y así siguen pasando los años, los procesos electorales para elegir mas de los mismo, pero también las oportunidades que seguimos perdiendo.

Paraguay es un país atrasado institucionalmente, (perdón por esta frase trillada), no por falta de normativas sino porque quienes deben aplicarlas, ellos, los de la clase dirigencial, no las aplican, y quienes deben controlar como exigir su aplicación, nosotros, preferimos seguir comprando una tras otra la entrada para ver esta mala película, que para peor pagamos con nuestros impuestos el salario de quienes actúan en la misma.