Estaciones

Por Estela Valdés

Es oportuno recordar y tener en cuenta lo decía el Papa Francisco hace un par de años, cuando alertaba a los padres que están matando la esperanza de sus hijos, cuando les dan todo lo que piden; les llamó “jóvenes de otoño”, y agregó que “parecería que haya bajado el otoño en sus corazones”

“Pensemos en un joven acostumbrado a recibir todo inmediatamente, a quien no se le ha enseñado la virtud de la espera y la paciencia, su alma se va vaciando de anhelos e ilusiones y esto es un obstáculo para la esperanza”, agrega.

Tal vez sin percatarnos caemos en eso, y tratamos de substituir con regalos, el tiempo que no podemos pasar con ellos, por los compromisos y las obligaciones que a diario debemos afrontar.

Es como darnos a nosotros mismos un alivio y la sensación de haber cumplido con ellos, pero el efecto que les genera es aún más perjudicial, porque estamos formando personas acostumbradas a obtener todo lo que se proponen.

No aprenden a manejar las frustraciones, como tampoco llegan a conocer el sabor de la conquista, simplemente, de acuerdo al universo que les creamos, ellos entienden que si desean algo deben obtener, sin que esto signifique que deben hacerlo por sí mismos.

Los padres y el entorno inmediato no duran para siempre, es por un tiempo, el tiempo que crecen, se forman, y se preparan para salir al mundo y ser parte activa de una sociedad, pero ¿qué sucede si en ese tiempo no aprendieron lo necesario para convivir con personas que no tienen ningún tipo de vínculos ni obligaciones con ellos?

¿Dejó de ser nuestro problema, y ya no podemos hacer nada porque ya crecieron?, sucede que no se amanece adulto, a las personas se les forma todos los días, desde que nacen, cada día algo nuevo, los bebés no vienen con una base de datos, se va cargando con información que le damos los padres, con los momentos que compartimos, los consejos que les damos y los ejemplos que les proporcionamos.

Tienen que lograr cosas por sí mismos, saber manejar la frustración, ser pacientes, esperar su turno, tener empatía, respetar a los demás y por encima de todo, amar. Nos toca Enseñarles a apreciar las cosas sencillas de la vida, a disfrutar de la compañía de sus seres queridos, a ser solidarios.

Ir de pesca, hacer un picnic en medio de la sala, inventar juegos, hacer bromas con ellos, reírnos a carcajadas, abrazarlos y decirles te amo, es todo lo que necesitan los niños, lo que necesitamos las personas, son cosas que podemos dar a nuestros hijos, es algo que podemos hacer, si nos detenemos a pensar, es tan fácil ser feliz, es tan sencillo ofrecer gente buena al mundo, es solo cuestión de amar para que en sus corazones no baje el otoño, para que en sus corazones siempre sea primavera.