¿Estamos a la altura?

Por Gonzalo Quintana

La pandemia del COVID 19 generó en todo el planeta una crisis en el sistema de salud, agravada por la falta de conocimiento inicial, las discrepancias y conflictos en el ámbito de la ciencia, en el sistema económico y, claramente, está desarrollando trastornos psicosociales.

Es indudable que esta crisis, de la que no se escapa ningún país, pone a aquellos con débil institucionalidad republicana ante el enorme riesgo de que se desemboque en una seria crisis política con la nefasta consecuencia que potenciará las otras crisis anteriores. En este sentido, debemos empezar evitando el final.

Cuando las crisis tienen la envergadura de la actual, por la extensión y la profundidad, el ámbito de resolución es la política. Es decir, es un problema de Estado; no es un problema sectorial, porque no se salva nadie. Lo sufriremos en mayor o menor medida, pero todos.

Por eso, los partidos, los gremios empresariales, las organizaciones sociales y la ciudadanía en general debemos participar en el esfuerzo de evitar la crisis política simplemente porque evitarla nos conviene a todos.

La tarea política es convocar y desplazar. Convocar a los que pueden contribuir a solucionar y están dispuestos a realizar una tarea de carácter nacional; y desplazar a los que no pueden superar sus intereses egoístas, su chatura, su falta de compromiso con el país.

Desplazar a los que no pueden elevar el punto de mira de la política para salir del estercolero de la repartija y así poder volar hacia las alturas de los grandes logros que enorgullecen a la nación.

Tenemos referencia cercana en el tiempo, desde la guerra del Chaco a esta parte, para saber qué hacer. Ya no es cuestión de ingenio, de creatividad, de inteligencia excepcional para saber qué hay hacer, es simplemente de observación, porque se puede ver nítidamente qué cosa funciona y qué no, y después de ver poner toda la voluntad, todo el empeño para hacer.

¿A quién desplazar? Eligio Ayala da una pauta: “Los que ocupan puestos públicos creen saber todo, se creen aptos para todo, pierden la conciencia de la propia ineptitud”. Es decir, desplazar al inconsciente.

¿A quién convocar? La penúltima crisis, provocada por el oviedismo y que desembocara en el trágico Marzo Paraguayo de marzo de 1999, fue el escenario para que el Luis María Argaña indicara una salida. El asesinado vicepresidente había dicho: “hay que constituir un gobierno de responsabilidad compartida”.

Este mismo concepto lo desarrolló Eusebio Ayala tratando la recuperación de nuestro país después de la Guerra del Chaco. Dijo, más o menos lo siguiente: “tenemos que lograr que nos una la gran marca nacional y evitar que nos dividan las etiquetas”.

En esto radica el secreto. Hoy, ¿estamos a la altura?