Hilo. La libertad de pensar

Con relación a este tema de ataques, reclamos, denuncias y hasta pedidos de anulación de cuentas por lo que medios o colegas expresan podemos señalar algunos puntos que van más allá de estos casos en particular. Por un lado preocupa la manera en cómo se pretende instalar un sólo discurso en donde todo lo contrario a los intereses, genuinos algunas veces, políticos en otras y corporativos en muchas más, de algún grupo es presentado cómo el enemigo a derribar, a silenciar y hasta extinguir.

La forma en que un sector, cualquiera sea, pretende aplicar censura calificando la expresión del otro como xenófoba, racista y no inclusiva, sin discernir siquiera lo real de lo falso, no hace sino profundizar la separación social o la marginación que dicen combatir. Este tema del universo paralelo de las redes sociales en donde el grave problema de las cuentas falsas aún no ha sido abordado con rigurosidad, en especial en twitter, es tierra fértil para la instalación de ideas que manejadas con malicia pueden causar estragos en el mundo real y la línea entre lo justo y lo injusto, ante el desinterés o incluso el guiño cómplice de la sociedad en sí ( cuántas veces hemos visto ejecuciones ante un enorme auditorio), se vuelve difusa y en algún momento siquiera se puede diferenciar y acá todo comienza a agravarse más aún.

No sólo deberíamos preocuparnos por está “cultura” de la cancelación sino también el papel de quienes manejan o son propietarios de las redes sociales para discernir que es ofensivo y que no. Que puede decirse y que no es correcto (aunque hasta eso es peligroso) Hay algo que más nos debería preocupar de sobremanera y es la sujeción hasta de los medios de comunicación tradicionales y de las clases dirigenciales  a lo “políticamente correcto” como una nueva forma de censura previa. Y muchas veces eso que se defiende como correcto no lo es.

Y este escenario de “enemigo común”, de la lapidación pública, adquiere ribetes dantescos al darse efectos en la vida real, la que en serio importa, afectando la vida de aquellos que  piensan diferente. ¡Que quede claro esta no es una postura en contra de los legítimos reclamos! Sino más bien una advertencia de que en cualquier momento quien puede ser juzgado por esa masa rabiosa puede ser uno mismo y se puede pasar de tener que cancelar las cuentas en la redes sociales a quedarse sin trabajo por las más alocadas razones. No es un tema menor lo que tenemos enfrente, que no nos pase como sociedad que la barbarie del silencio impuesto  avance sin piedad arrasando con todo tanto que los Juicios de Salem parecerán un paseo de domingo.