El virus tiene cómplices

Por @pablovaldezpy

Cuando Donald Trump dijo sospechar que el Sarscov2 tuvo su origen en el laboratorio de Wuhan recibió el unánime rechazo de todos los medios de prensa, de intelectuales e influencers del mundo entero. Aparecieron los llamados “médicos por la verdad” en muchos países y las revistas especializadas, políticos demócratas y líderes de organismos multilaterales etiquetaron a dichas voces como teorizadoras “de la conspiración”, sin mas explicación que el rechazo por el rechazo.

No sirvió de nada que el premio Nobel de Medicina del año 2008, el científico francés Luc Montagnier, alzara su voz autorizada para decir de un modo contundente su conclusión: el virus fue creado en un laboratorio. Ni los reportes de inteligencia de cinco de las mayores potencias del mundo, que relataban detalladamente el itinerario recorrido por abrumadores indicios que justificaban, cuanto menos, la apertura de una investigación seria y sin restricciones a los manejos dados por China a su programa biológico desarrollado en Wuhan.

En marzo del 2021, la comisión conformada por la OMS para investigar el origen del coronavirus llegó a la conclusión de que probablemente el virus “haya pasado del reino animal al ser humano”, pero haciendo la salvedad de que aún falta saber cómo se produjo esto. El informe fue severamente cuestionado por numerosas personas pues China demoró muchísimos meses antes de dejar ingresar a los enviados para dicha pesquisa, solo después de asegurarse de que se cumplan todas las exigencias interpuestas por el régimen de Pekín.

Muchas cosas pasaron desde noviembre de 2019: la muerte o desaparición de tres virólogos que trabajaban en el laboratorio de Wuhan, el silenciamiento a cualquier persona que inicialmente informaron sobre lo que estaba sucediendo en China en aquellos días. Y lo más grave, la censura impuesta por twitter, youtube y Facebook a quien se atreviera a desafiar la versión oficial.

Las cosas están dando un giro asombroso. Biden ordenó a los servicios de inteligencia que investiguen el origen del virus y les dio un plazo de 90 días para entregar un informe. Estos ya le habían dicho al presidente que el origen fue sintético, no natural. El máximo experto del gobierno estadounidense, el Dr. Anthony Fauci, confesó este mes que “duda del origen” del coronavirus.

Ignoro en qué terminará todo esto. Mirando atrás, me deja un mal sabor de boca que el interés electoral por desacreditar a Trump haya originado la campaña de censura más grande de la historia; una de magnitud tal, que fue capaz de silenciar las voces que simplemente usaron el sentido común. Esa vocecita interior que gritaba que -tal vez- era demasiado ridículo creer que esta pandemia se originó en un plato de sopa de murciélago, y que muta y varía de un modo más consistente al diseño, que al desarrollo sabio de la naturaleza.