Opinión: Nos hemos traicionado

Foto: Pablo Valdez.

Por Pablo Valdez

En la película Premonición (2007), la protagonista presiente con certeza el día, la hora y las circunstancias de la muerte de su esposo. En medio de los sucesos, se produce un diálogo con el sacerdote local, a quien le relata los detalles de tal vaticinio.

– Es lo que los antiguos llamaban blasphemare absens fides, los peligros de los infieles- le dice el sacerdote.

Es la idea de que la naturaleza detesta el vacío, aún un vacío espiritual, le sigue explicando. Y concluye el cura de la película: aquellos que perdieron sus creencias son como recipientes vacíos, más susceptibles a que invadan su vida fuerzas superiores a ellos mismos.

Es lo que nos sucede como sociedad. Hemos cortado el vínculo que nos mantenía unidos en torno a un proyecto común, sean los símbolos, la cultura o la tradición que nos hizo ser lo que fuimos. Nos pasa lo del vacío de los infieles, infieles a nuestras raíces. ¿Y cuáles eran tales raíces? La confianza mutua y confianza en el destino común que una vez construimos a través del aporte de generaciones enteras.

Somos una barca vacía, liviana, sin peso específico y sin rumbo -por la traición a nuestros antiguos valores- que navega a su suerte en medio de la tempestad. Y que todavía no se hunde y logra mantenerse a flote por sobre las olas que la golpean, más por gracia que por guía y timón.

Sin embargo, el embate será repetitivo y termirá hundiendo la nave por demolición, a no ser que pase la tormenta o se retome el rumbo perdido.

Regresando al diálogo de la película, cuyo tema es el destino y sus misterios, el sacerdote no le cuestiona a la protagonista su fatal premonición, sino su falta de fe. Y si traspolamos la figura a la sociedad en su conjunto, todos deberíamos preguntarnos por qué hemos perdido la fe en aquello que nos convirtió en lo que somos. Y habrá que buscar la respuesta urgentemente, o las fuerzas superiores que nos golpean furiosamente seguirán dejándonos cada vez más debilitados y a merced de cualquiera que prometa salvarnos.

Lo que le ocurre al Paraguay -y también al mundo- es el justo castigo por los extravíos cometidos. Pero como se dice en la película, también puede ser un milagro. Lo sabremos por los resultados, los que se verán dentro de no mucho tiempo; espero.