El Papa pide luchar contra la “vieja costumbre” del acoso sexual infantil

Durante un encuentro con expertos en la lucha contra la pornografía infantil, el Papa ha alertado del fenómeno del grooming en internet, por el que adultos engañan a menores a través de redes sociales, y les embaucan para que envíen fotografías personales con contenido sexual.

Francisco ha pedido “mayor determinación” a las autoridades públicas para combatir este fenómeno, y ha dicho que hace falta una “mayor sensibilización por parte de familias y organismos educativos”.

“Hoy vemos cómo, a menudo, en las familias, la primera reacción es taparlo todo; una primera reacción que está presente en otras instituciones y también en la Iglesia”, ha denunciado el Papa. “Debemos luchar contra esta vieja costumbre de encubrir”, ha añadido.

El Papa ha recordado que esta forma de ciberacoso es un “asesinato psicológico” de los menores, “y en muchos casos anula la infancia”. “La protección de los niños contra la explotación sexual es un deber de todos los Estados, que deben identificar tanto a los traficantes de personas como a los abusadores”, ha continuado ante miembros de la Asociación católica Meter que lleva años colaborando con la policía para desenmascarar a pederastas en internet.

Francisco ha animado a denunciar estos casos, y a “prevenir esa explotación en todos los ámbitos de la sociedad: la escuela, el deporte, las actividades recreativas y culturales, las comunidades religiosas y los individuos”.

El Papa ha dado las gracias por los proyectos para brindar “ayuda eficaz a las víctimas”, a los que la esta asociación fundada por el sacerdote italiano Fortunato Noto dedica sus energías desde 1989.

El sacerdote siciliano comenzó a trabajar activamente en este campo tras el asesinato de una niña de 11 años de su parroquia que dejó al descubierto una larga historia de abusos, y el suicidio de un niño de 14 años víctima de violencia.

Fortunato Noto calcula que actualmente hay en Europa entre 18 y 19 millones de menores abusados sexualmente. “Esto significa que tenemos entre 18 y 19 millones de depredadores sexuales de niños en territorio europeo”, explica.

Tras más de 30 años ayudando a víctimas, asegura que “estos abusos devastan la intimidad, el equilibrio psicofísico y psicológico, y tienen efectos personales y colaterales a largo plazo”.

“Quien sufre un abuso se siente completamente traicionado. Interrumpe muchas relaciones. Y cuando quien comete el abuso es un sacerdote, también se rompe la relación con Dios”, reconoce.

Fuente: Abc.es