Donación de órganos: un acto de amor

Toda persona generosa que no expresó su oposición en vida a la donación de órganos puede salvar otras vidas, lo más importante, es que se lo haga saber a su familia, y esta respete su decisión.

Cabe mencionar que la donación de órganos se produce sólo cuando se determinó la muerte encefálica; o sea, cuando la persona está fallecida, lo cual debe ser constatado por dos médicos, uno de ellos un neurólogo, neurocirujano o intensivista, subrayan desde el Ministerio de Salud Pública.

A partir de allí, se evalúa cuáles órganos son susceptibles de ser donados y cuáles no.

El INAT es el único organismo oficial en nuestro país que tiene autoridad para solicitar la donación y proceder a ejecutarla. Es el que fiscaliza las actividades de donación y trasplante de órganos. Ofrece todas las garantías de transparencia e idoneidad profesional para asegurar el acto altruista de la donación y, como resultado, los trasplantes son altamente satisfactorios.

El cuerpo es tratado con gran respeto y dignidad. Los órganos donados se obtienen con todos los cuidados de una operación quirúrgica de rutina.

La información errónea sobre la donación es el principal obstáculo que impide a las personas convertirse en donantes de órganos y tejidos, como la creencia de que los médicos de la sala de emergencias no se esforzarán en salvarle la vida a una persona que ha indicado que desea ser donante. Esto no es verdad. 

¿Puedo ser donante en vida?

Si bien la mayoría de las donaciones provienen de donantes fallecidos, algunos órganos (un riñón, parte del hígado, de un pulmón, del páncreas o de los intestinos, y algunos tejidos) pueden ser donados por donantes en vida. Con mayor frecuencia, los donantes en vida donan un riñón.

Derribando barreras

1.         “Puedo querer donar un órgano, pero no todos”. La persona puede especificar qué órganos quiere donar. En todos los casos, se respetarán sus deseos.

2.         “Si saben que quiero ser donante, los doctores no tratarán de preservar mi vida”. Esto es falso. El equipo médico que lo trate en vida no es el mismo que el grupo médico de ablación de órganos. Los profesionales de salud harán todos los esfuerzos por salvar su vida. Solamente después de agotar todas las posibilidades, y luego de ser declarado con muerte encefálica, se considerará la donación.

3.         “Mi religión no apoya la donación de órganos”. La donación es un acto de solidaridad y fraternidad humana, y una prueba de que el cuerpo muere, pero jamás el amor que lo sostiene. Esta postura es compartida por la mayoría de las religiones.

4.         “Nadie va a querer mis órganos por mi edad o condición médica”. Al tiempo de la muerte, el médico del INAT revisará la historia clínica y realizará estudios médicos para determinar la aptitud de los órganos del donante.

5.         “Debo pagar para realizar la donación”. La donación de órganos es un acto de amor solidario. Nadie puede percibir compensación económica por ello, así como tampoco nadie podrá exigir pago alguno por el órgano trasplantado.

6.         “Los ricos y famosos avanzan en la lista de espera mientras que los demás deben aguardar más tiempo”. La posición en la lista de espera no tiene en consideración factores como la etnia, edad, ingresos ni clase social. Por el contrario, es imprescindible el tipo sanguíneo, la urgencia médica, la ubicación geográfica, el tamaño del órgano y la compatibilidad de los tejidos.

7.         “Tráfico de órganos”. Según la ley, se exige que dos médicos firmen el acta de defunción, tras haber certificado dos veces y con un intervalo de seis a doce horas todas las exploraciones necesarias para confirmar el fallecimiento de la persona. Por otra parte, la complejidad y el gran número de profesionales necesarios en un operativo de trasplante, como así también la necesidad de compatibilidad entre donante y receptor, hacen imposible concebir el tráfico de órganos. 

La donación es un acto de amor

Permite reinsertar al individuo a la sociedad como un ser productivo, tanto física, social e intelectualmente.

La indiferencia se alimenta de mitos que, en un tema tan sensible como la donación de órganos, lleva a perder un sinnúmero de vidas. 

Es mucho más factible que nosotros o un ser querido integremos en el futuro una lista de espera para ser trasplantados a que tengamos la oportunidad de donar nuestros órganos al finalizar nuestra vida. La donación de órganos es un acto de amor, una apuesta por la vida.

A pesar de las campañas, los preconceptos sobreviven, aunque el aumento en las donaciones en los últimos dos años habla de una mayor toma de conciencia.

De ahí la importancia de la donación y la educación de la comunidad para desterrar mitos y conocer el valioso alcance de este acto amor. El receptor podrá seguir viviendo, y la familia donante recibe la gratificación de saber que ayudó a otros.