24 de julio de 1867: aparición del periódico Cacique Lambaré

El 24 julio de 1867 apareció, redactado en guaraní (jopara), el periódico Cacique Lambaré. Para la impresión en idioma guaraní requirió la formación de una comisión especial integrada por Juan Crisóstomo Centurión, Luis Caminos, Andrés Maciel y Carlos Riveros para decidir sobre los tipos de imprenta para la gráfica originaria.

En la portada aparece un cacique ataviado como tal, y en el fondo el cerro Lambaré. Se distribuyó primero en Asunción y a partir de 1868 en Luque. Era de aparición quincenal; el doctor Víctor Simón señalaba que hubo solo 13 ediciones de tal hoja.

La edición, a diferencia de El Centinela y Cabichuí, no contaba con ilustraciones, salvo la alegoría que con el rótulo encabezaba la primera página y no se adelantaba en indicar la frecuencia de sus salidas, puesto que quedaba supeditada a las posibilidades de la Imprenta Nacional, ya recargada de tareas, con folletos, circulares y edictos impresos, ordenadas por el Gobierno.

Alcanzó a publicarse cada quince a veinte días y a partir del cuarto número, el 5 de setiembre, se modificó el cliché alegórico y se abrevió el título: Lambaré.

De acuerdo con algunos analistas, la idea de lanzar un periódico por entero en guaraní confirmó el visible éxito de las cartas y versos que en este idioma intercalaban en sus columnas El Centinela y Cabichuí.

Pero, por sobre todas las cosas, traducía la perentoriedad ; de dirigirse a las clases más profundas y populares de la Republica que eran los motores de la resistencia nacional, tanto más, esta etapa de la guerra, cuanto las familias pudientes del país, sin excluir los altos miembros de la Administración Pública y los propios parientes del Mariscal López, en el intento de salvar sus intereses personales de las fauces insaciables de una guerra que consideraban perdida de antemano, “haciendo gala de sentido práctico y realista”, comenzaban a insinuarse en la intimidad como partidarios de la paz, y por ende, “en su condición de derrotistas latentes, a jugar a dos cartas; fenómeno previsible, y si se quiere, inevitable, que desde Paso Pucú el Mariscal parecía intuir perfectamente”.

Su último ejemplar fue publicado en setiembre de 1868.